El Informe sobre Bancos de junio del BCRA confirma la primera baja en la morosidad crediticia tras meses de deterioro sostenido. Pero el dato conviene leerlo con lupa: buena parte de la mejora responde a la fuerte expansión del crédito y al pase a irrecuperables de deudores en mora, no a una recuperación genuina de los balances familiares y empresariales.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) difundió el viernes pasado su Informe sobre Bancos correspondiente a junio de 2026, un documento que —línea por línea— describe un sistema financiero que atraviesa un punto de inflexión técnico más que una recuperación estructural. El dato saliente es la primera caída del ratio de irregularidad crediticia en varios meses, aunque los propios técnicos de la autoridad monetaria se encargan de aclarar que la mejora responde tanto a un fenómeno contable como a una dinámica genuina de expansión del crédito.
Un sistema que crece, pero con memoria de riesgo
Vista en conjunto, la fotografía de junio es la de una intermediación financiera en franca expansión. El saldo real del crédito total al sector privado, considerando todas las monedas, se incrementó 3,1% mensual y 10,1% interanual, impulsado tanto por el financiamiento a empresas —con la construcción y los servicios a la cabeza— como por el consumo de las familias, particularmente a través de tarjetas de crédito. Los depósitos acompañaron el movimiento: el fondeo en pesos del sector privado subió 3,9% mensual, en gran medida por el efecto estacional del aguinaldo, mientras que las colocaciones en moneda extranjera avanzaron 1,1% en el mes y 27,4% interanual.
Es en ese contexto de mayor actividad donde debe leerse la mejora en la calidad de cartera. El ratio de irregularidad del crédito al sector privado —el indicador que mide qué porción de los préstamos está en situación de mora— se ubicó en 7,6% en junio, 0,1 punto porcentual por debajo de mayo. Se trata de la primera baja tras un ciclo de deterioro sostenido, aunque el nivel continúa muy por encima del registro de un año atrás, cuando la irregularidad rondaba niveles sensiblemente inferiores.
El propio BCRA fue explícito sobre las causas de esta mejora, y aquí es donde el análisis técnico exige matices: el descenso del ratio no obedeció únicamente a una mejor performance de los deudores, sino a una combinación de dos efectos. Por un lado, una desaceleración en el ritmo de crecimiento de la cartera irregular, en parte explicada por el pase a situación de "irrecuperable" —y su consecuente salida del balance— de deudores que hasta mayo figuraban como morosos. Por otro, un aumento real del crédito total, que operó como denominador y diluyó el peso relativo de la cartera en default. En otras palabras: parte de la mejora es genuina, y parte es aritmética.
Familias que resisten, empresas que empiezan a mostrar fisuras
El desagregado por tipo de deudor es donde aparecen las señales más interesantes para el analista de riesgo. La morosidad de las financiaciones a las familias se mantuvo estable en 12,8%, sin variación significativa respecto de mayo, pero con una dispersión relevante puertas adentro del segmento: la irregularidad de las tarjetas de crédito bajó en el mes —el instrumento de consumo más masivo del sistema—, mientras que los préstamos personales y prendarios mostraron un deterioro adicional, y la cartera hipotecaria permaneció sin cambios relevantes.

Este comportamiento heterogéneo sugiere que la recomposición del ingreso disponible o el uso más intensivo del crédito rotativo (tarjetas) podría estar aliviando parcialmente el servicio de deuda de los hogares, mientras que las líneas de cuotas fijas —personales y prendarios, típicamente asociadas a compromisos de mediano plazo tomados en un contexto financiero previo— siguen bajo presión.
En el segmento corporativo, la mora se ubicó en 3,5%, con subas leves en construcción, comercio e industria, y una baja marginal en producción primaria. El dato es consistente con un cuadro sectorial dispar: actividades más sensibles al ciclo de obra pública y privada (construcción) o al consumo masivo (comercio) muestran un incipiente deterioro, mientras que el campo —favorecido por la estacionalidad de la cosecha gruesa— logra sostener mejor su cumplimiento crediticio.
El crédito, motor y amortiguador al mismo tiempo
El otro dato central del informe es la aceleración del financiamiento. El saldo real del crédito al sector privado en pesos creció 1,7% mensual (2,6% interanual), acelerando frente al 0,3% registrado en mayo, con un desempeño generalizado entre líneas crediticias y un particular dinamismo de las financiaciones comerciales (+3,6% mensual real). En moneda extranjera, el financiamiento al sector privado avanzó 4,6% mensual y 53,2% interanual, traccionado por las prefinanciaciones a la exportación y los documentos comerciales.

Esta reactivación del crédito no es un dato menor para la lectura de la mora: en la medida en que el denominador del ratio de irregularidad crece más rápido que el numerador, el indicador mejora aunque el stock de deuda en default no disminuya en términos absolutos. Es la razón por la cual el BCRA fue cuidadoso al calificar la mejora como parcialmente explicada por un "efecto denominador".
Los amortiguadores siguen firmes
Más allá de la morosidad, el informe confirma que el sistema financiero argentino cerró el primer semestre con métricas de solvencia y cobertura que lo posicionan en un lugar relativamente cómodo frente a un eventual estrés de cartera. Las previsiones constituidas representaron 86,6% de la cartera irregular y 6,5% del total de las financiaciones, mientras que la probabilidad de default estimada (PDE) —un indicador prospectivo que mide la transición de deudores de situación regular a irregular— bajó a 2,6% en junio, en retroceso mensual.
En el plano patrimonial, la integración de capital (RPC) se ubicó en 29,8% de los activos ponderados por riesgo, con un exceso de integración equivalente al 269% de la exigencia regulatoria. El ratio de apalancamiento, calculado según los lineamientos de Basilea, alcanzó 20,9%, muy por encima del piso regulatorio del 3%. En liquidez, los activos líquidos en pesos treparon a 34% de los depósitos en esa moneda (+1,4 p.p. mensual), mientras que la liquidez en dólares retrocedió a 48,6% de los depósitos en moneda extranjera, reflejo de que buena parte de esos recursos se canalizó hacia el crédito en divisas.
Rentabilidad en alza, con la banca pública como protagonista
La otra cara de la moneda es la rentabilidad. El sistema financiero cerró el segundo trimestre de 2026 con un ROA anualizado de 2,5%, el mejor registro trimestral de los últimos períodos, impulsado principalmente por la banca pública y asociado a un mayor margen financiero real —menores pérdidas por exposición a partidas monetarias y menores egresos por intereses— y a menores cargos por incobrabilidad. En el acumulado de doce meses, el ROA se ubicó en 1,2% y el ROE en 5,4%, niveles levemente inferiores a los de un año atrás.

La lectura de fondo
El Informe sobre Bancos de junio deja una conclusión de matices: el sistema financiero argentino combina un crédito que se recupera con fuerza, una mora que empieza a estabilizarse —aunque desde niveles históricamente altos— y una solvencia agregada que continúa operando muy por encima de los mínimos regulatorios. La pregunta que queda abierta para los próximos meses es si la mejora del ratio de irregularidad logrará sostenerse cuando se agote el "efecto denominador" del crecimiento del crédito, o si el deterioro en préstamos personales, prendarios y en sectores como la construcción y el comercio volverá a empujar la mora al alza. Por ahora, los números de junio ofrecen una tregua, no una certeza.
C.P. Leonardo H. Piazza
Director de LP CONSULTING – Consultora de Economía, Finanzas y Negocios