El Informe de Política Monetaria de junio confirma que el programa logró bajar la inflación y acumular reservas, pero también admite dos frentes abiertos que golpean directamente la economía cotidiana: un crédito en pesos que perdió impulso para las familias y casi US$ 7.000 millones en depósitos en dólares que el sistema bancario no puede prestar
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) presentó su Informe de Política Monetaria (IPOM) correspondiente al segundo trimestre de 2026, un documento que combina el diagnóstico técnico habitual con un mensaje de continuidad: el esquema de control de agregados monetarios seguirá siendo el ancla nominal de la economía, la compra de reservas continuará como la principal vía de emisión, y no habrá por ahora una eliminación de las restricciones cambiarias que aún condicionan a las empresas. Se trata, en definitiva, de una hoja de ruta que combina éxitos macroeconómicos verificables con fricciones microeconómicas que inciden de manera directa en el ingreso disponible, el acceso al crédito y las decisiones financieras de los hogares.
Menos inflación, más reservas, mismo esquema
La principal noticia del informe es la confirmación de que el proceso de desinflación retomó su curso tras el repunte transitorio del primer trimestre. La inflación mensual promedió 2,2% entre abril y junio, con un registro de 1,9% en junio, muy por debajo del 3,4% de marzo. Más relevante aún, la inflación subyacente —la que excluye factores estacionales y transitorios— se ubicó en niveles similares a los de 2017, lo que sugiere que la moderación de precios no responde únicamente a factores de corto plazo, sino a un proceso más profundo asociado a la consistencia de las políticas fiscal y monetaria.

Fuente: LP CONSULTING en base a BCRA
En paralelo, la autoridad monetaria sostuvo su posición compradora en el mercado de cambios: entre enero y julio adquirió unos US$ 13.337 millones, superando la meta de US$ 10.000 millones prevista para todo 2026. Este resultado se dio en un contexto internacional adverso, marcado por la volatilidad derivada del conflicto en Medio Oriente, lo cual —según remarca el propio informe— reforzaría la lectura de que el nuevo régimen cambiario y monetario logró amortiguar shocks externos sin necesidad de correcciones abruptas.
El correlato de esta estrategia es una base monetaria que, en términos reales y ajustados por estacionalidad, acumula una caída de 9,1% en lo que va del año. Es decir: hay menos pesos circulando en términos reales, una decisión deliberada del BCRA para evitar que la compra de divisas se traduzca en una expansión monetaria superior a la demanda de dinero. El instrumento central para lograrlo fue la esterilización vía operaciones de mercado abierto y pases (repos), en reemplazo de mecanismos más distorsivos utilizados en el pasado.
Lo que no termina de traducirse: el crédito en pesos para las familias
Aquí aparece el primer punto de fricción entre el relato macroeconómico y la experiencia cotidiana. El propio IPOM reconoce que el financiamiento bancario en pesos perdió dinamismo, en particular en la cartera destinada a personas humanas, luego de la fuerte expansión crediticia previa y el consecuente aumento de la morosidad. El BCRA sostiene que esa irregularidad habría tocado un techo y que espera una recuperación gradual, aunque bajo criterios de otorgamiento "más selectivos" —una forma técnica de anticipar que el acceso al crédito para consumo o financiamiento personal no será tan sencillo ni tan masivo como en la etapa anterior del ciclo.

Fuente: LP CONSULTING en base a Informe de Politica Monetaria del BCRA
Para una familia promedio, esto tiene una traducción concreta: aunque la inflación baje y las tasas de interés se mantengan relativamente estables —la de cauciones a un día rondó 20% nominal anual en julio y la TAMAR de bancos privados se ubicó en 22,6%—, el crédito bancario en pesos no está fluyendo con la misma intensidad hacia los hogares. El financiamiento crece, pero traccionado principalmente por el segmento en dólares y por las empresas, no por el consumo de las familias.
Dólares ociosos: la paradoja del ahorro que no se convierte en inversión
El segundo frente que el informe expone con inusual franqueza es la existencia de un excedente de casi US$ 7.000 millones en depósitos en dólares que el sistema financiero no puede prestar. La causa es normativa: desde 2002, la regulación bancaria argentina —diseñada para eliminar el riesgo de descalce cambiario tras la crisis de la convertibilidad— sólo permite a los bancos prestar depósitos en dólares a empresas que generan ingresos en esa misma moneda, típicamente exportadoras.
El resultado es lo que el propio BCRA describe como una "solución de esquina": una economía que logra reducir a cero el riesgo de descalce cambiario, pero al costo de dejar una porción significativa del ahorro en dólares de los argentinos sin aplicación productiva. Esto no es un dato menor para el bolsillo: la tasa que reciben los ahorristas por sus plazos fijos en dólares se ubica apenas en torno al 1% nominal anual, muy por debajo de lo que podrían obtener en instrumentos de similar riesgo en el mercado internacional. En otras palabras, buena parte de quienes decidieron confiar sus ahorros al sistema bancario local están siendo compensados muy por debajo de lo que el mercado internacional pagaría por ese mismo dinero.
El mercado de capitales aparece como un canal alternativo parcial —en el primer semestre de 2026 canalizó financiamiento por el equivalente a US$ 20.000 millones, con un 43% en dólares—, pero el propio informe admite que no constituye un sustituto perfecto del sistema bancario, dado su menor desarrollo y las exigencias de escala que impone a las empresas que buscan financiarse allí.
Lo que se ve en las cuentas nacionales y lo que se siente en la calle
El IPOM también dedica un apartado a discutir la brecha percibida entre una macroeconomía en niveles récord —el PIB alcanzó su máximo histórico en el primer trimestre, con una caída de la pobreza a 30% y de la indigencia a 6,5%— y ciertas lecturas sobre el desempeño de sectores como la industria o el comercio, que continúan mostrando caídas interanuales. El Banco Central atribuye esa aparente contradicción a la heterogeneidad propia de todo proceso de cambio estructural, en el que algunos sectores —los primarios exportadores, la intermediación financiera— traccionan antes que otros, típicamente los más intensivos en empleo, como la construcción o el comercio minorista.
Para el consumidor de a pie, esa heterogeneidad tiene un correlato tangible: mientras el salario y el empleo formal privado continúan por debajo de los niveles previos —el empleo asalariado formal privado cayó 4,1% interanual, compensado por un aumento del empleo no asalariado e informal—, los precios de los alimentos frescos y ciertos servicios muestran una desaceleración más rápida que otros rubros. La mejora en el poder adquisitivo, en consecuencia, no es uniforme ni instantánea: depende de en qué sector se trabaje, en qué moneda se ahorre y con qué facilidad se pueda acceder al crédito.
El horizonte que plantea el BCRA
De cara a lo que resta del año, el organismo proyecta una inflación interanual de 29,8% para diciembre de 2026, con una aceleración del proceso desinflacionario hacia 2027 y 2028. También anticipa una recuperación gradual del crédito y de la demanda de dinero transaccional, en la medida en que se consolide la confianza en el esquema y avance el eventual proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA, que buscaría eliminar el financiamiento monetario al Tesoro de manera permanente.
El mensaje de fondo del informe es coherente con la lectura oficial de los últimos dos años: la estabilización macroeconómica es la condición necesaria para que, más adelante, mejoren el crédito, el salario real y el acceso a instrumentos financieros más rentables. La pregunta que el propio documento no resuelve —porque excede el ámbito de la política monetaria— es cuánto tiempo deberán esperar los hogares para que esa mejora macroeconómica se traduzca, de manera pareja y sostenida, en el bolsillo cotidiano.
C.P. Leonardo H. Piazza
Director de LP CONSULTING – Consultora de Economía, Finanzas y Negocios